2020

23 de marzo de 2020

¿Qué deberían saber los inversores para enfrentar la actual crisis del COVID-19?

La situación a nivel mundial que se está viviendo a raíz de la pandemia del COVID-19 es ciertamente inaudita. Lo que está sucediendo a nuestro alrededor supera lo imaginable, tanto por su impacto en nuestra sociedad como por la velocidad a la que se ha desarrollado. La epidemia ha modificado nuestra vida y la de nuestras familias, y aunque sin duda la superaremos, tardaremos tiempo en volver a nuestra vida habitual.

Desde Deutsche Bank quieren contribuir a arrojar algo de luz sobre esta situación tan compleja y su impacto sobre la economía y, como consecuencia de ello, sobre los mercados financieros.


Implicaciones para la economía: El gráfico en “V”


La consecuencia inmediata de la paralización de la economía mundial debido a la pandemia del Covid-19 es la llegada de una nueva recesión mundial que impactará fundamentalmente en este primer semestre de 2020.


En el caso de China, donde hay buenas noticias sobre la enfermedad, y donde ya existen datos económicos de febrero, se espera una contracción del crecimiento del -5% en este primer trimestre. En el caso de la Eurozona y EEUU, el punto álgido de la epidemia ha llegado al final del primer trimestre, por lo que el mayor impacto será en el segundo y el tercer trimestre. “La historia económica nos dice que este tipo de recesiones provocadas por un shock exógeno (guerras, crisis del petróleo, etc.) son muy profundas, pero afortunadamente temporales


Una vez superado el factor que provocó la caída (en este caso, sería cuando el número de afectados deje de crecer), debería producirse, como siempre, una recuperación en forma de “V” de la actividad económica mundial”, afirma Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank en España. No obstante, “la crisis dejará un mundo nuevo, donde los altos niveles de deuda pública preexistentes se van a exagerar mucho más, y esto implica, por un lado, que los niveles potenciales de crecimiento seguirán siendo muy bajos, y por otro, que los tipos de interés no van a poder subir en muchos años”. 

En el gráfico adjunto vemos cómo después de las dos crisis del petróleo, de la crisis del Golfo, y de la crisis financiera, se produjo un importante rebote de la actividad el año siguiente.             


Fuente: Banco Mundial.

 Las lecciones de otros seis episodios de gran volatilidad

Las dudas sobre la duración y la magnitud de la recesión global están castigando con fuerza a los mercados financieros. Los niveles de volatilidad se han situado en valores no vistos desde 2008, en los momentos más graves de la crisis financiera. Aunque no tan virulentas, ya hemos sufrido en el pasado episodios de fuertes correcciones en los mercados, todas ellas superadas posteriormente.

En el gráfico adjunto se incluye la evolución del índice bursátil Eurostoxx 50 desde la gran crisis de 2008 hasta hoy. Se puede observar que, desde esa fecha, hemos vivido al menos 6 periodos de gran volatilidad y abultadas caídas: gran crisis financiera de 2008, crisis de deuda europea y puesta en cuestión la supervivencia del Euro (2011-2012), crisis económica en China, planes para el rescate de Grecia y caídas del crudo (2015), crisis presupuestaria italiana y guerra comercial (2018).

Aunque actualmente las caídas están siendo todavía más rápidas y profundas, se están repitiendo factores que ya vivimos en las crisis bursátiles anteriores:

  • Aparición de un factor nuevo e imprevisible (un “cisne negro”) con gran impacto en economía y mercado.
  • Comportamiento irracional de los agentes financieros, con muchos días de subidas y de caídas superiores al ±5%
  • Índices de volatilidad que han llegado a superar unos niveles del 40%-60%, síntoma de un elevado grado de nerviosismo (interesante observar la evolución del índice de volatilidad VIX, disponible en internet, el llamado “índice del miedo”
  • Rebote de los mercados, en algunos casos violento, en los meses posteriores a la crisis (ver gráfico adjunto)


            

Pero la actual crisis presenta también algunas diferencias con respecto a las anteriores, de ahí su excepcionalidad y el extraordinario nerviosismo que está generando.

“En primer lugar, la velocidad en las caídas ha provocado que lo que tradicionalmente ocurría en meses, ahora está sucediendo en semanas. Además, estas correcciones se están produciendo después de las subidas bursátiles más largas de la historia y se producen en un entorno de tipos de interés muy bajos o incluso negativos. Por último, el creciente peso de los instrumentos de gestión pasiva (ETFs y similares) está probablemente amplificando las reacciones de los mercados (la gestión pasiva no es sensible a las valoraciones de los activos y se ve abocada a vender a cualquier precio)”, explica Duce.

 ¿Qué implica esta crisis para los inversores?

Estamos en un momento de fuerte incertidumbre tanto económica como financiera. Es imposible anticipar los movimientos financieros a corto plazo. Tanto puede producirse un rebote generalizado como una profundización de las caídas. Tomar decisiones especulativas en este entorno no es recomendable. No es sensato confiar en nadie que nos dé recomendaciones a corto plazo, ni positivas ni negativas.

No obstante, como se ha dicho anteriormente, existen varios indicadores que apuntan a que las caídas han sido excesivas, y que por lo tanto se está produciendo una sobrerreacción de los mercados. “Las caídas en esta ocasión han sido excesivamente rápidas, tal vez por el cada vez mayor peso de la gestión pasiva. Además, creemos que los actuales índices de volatilidad, muy elevados, indican que las decisiones de inversión se están tomando de forma emocional. No obstante, los niveles de valoración apuntan a niveles atractivos de inversión”, añade Luis Martin-Jadraque, responsable del Centro de Inversiones de Deutsche Bank.

La historia de las grandes recesiones mundiales nos dice que después de una caída tan virulenta de los mercados siempre se produce una recuperación, incluso antes de que se produzca la reactivación de la actividad económica. No es momento, por tanto, de caer en el pánico vendedor. Mantener las carteras bien diversificadas, dentro de nuestro perfil de riesgo es clave, porque no nos olvidemos que la mayor parte de nuestras inversiones suelen ser a medio-largo plazo y, a estos plazos, estos episodios de inestabilidad se superan y las carteras recuperan las caídas.



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Actualizado a: 23.3.2020
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